Cuando murió el gato decidí llevar luto por un año. No tenía ropa negra así que el día después de su muerte compré algunas cosas y vestí estrictamente de gris y negro los siguientes doce meses.
Poco a poco acumulé ropa negra. Ahora mi armario contiene una mezcla.
Cuando se cumplió el aniversario retomé con cierta culpa la ropa de color. Sentí que traicionaba su pérdida.
Mi terapeuta de ese entonces le intrigaba mucho mi luto. Sentía que era un proceso más profundo. Es probable que tuviera razón. Soy alguien de duelos largos.
Ahora ya a varios años de distancia sigo vistiendo de negro con frecuencia. A veces porque es cómodo. A veces porque siento que me da seguridad. Especialmente en el trabajo, donde con frecuencia me siento un múpet entre humanos.
Pero también uso ropa de color porque me gusta y me divierte. Aunque quizás parezca un payaso.
Pensaba en esto hoy cuando encontré un saco negro en una tienda que me gustó y decidí comprarlo. Cuando compro ropa negra siempre recuerdo a Plinio y lo importante que fue para mí que me acompañara todos esos años. Aunque tiendo a ser una persona que disfruta de cuidar de otros, soy muy descuidado conmigo mismo. Y no me gusta que me cuiden, me angustia. Pero Plinio me cuidó y protegió por diecisiete años con su mirada calmada y su calor a mi lado. Sé que nunca voy a tener a alguien así de nuevo. Siempre me sentía mejor cuando estaba cerca.