noche

Cada tanto quiero volver a intentar escribir una novela.

Pero pocas veces avanzo lo suficiente. Solo una vez lo hice. Nunca sentí que sonara sincero.

A veces imagino que tal vez con la edad llegue un momento cuando pueda volver a escribir sin la angustia de sentirme insuficiente.

Por un tiempo pensé que los años dedicado al software me darían esa tranquilidad. Que la experiencia de vivir en la suboptimalidad perpetua del código capitalista me ofrecería la perspectiva que necesitaba y me dejaría ser libre otra vez, como cuando era joven y creía que podía.

No sé si de verdad alguna vez pude. Pero al menos no me dejaba intimidar.

Hace una semana empecé a contemplarlo otra vez. A darle vueltas a la misma idea: hay una casa en la montaña con una habitación. Hace mucho frío. Hidalgo se levanta de la cama y camina rastras hasta la sala y cocina. Algo lo distrae. Creo que Hidalgo está muerto o tal vez a punto de morir. Lo atormenta saber que es vigilado. Es posible que sea un fantasma. En su soledad no hay diferencia de cualquier modo. Hidalgo sale afuera y solo hay niebla y olor a tierra mojada y musgo. El aire frío lo golpea en el pecho. Hay ruidos afuera. Tal vez es la bestia. Hace semanas que no regresa.