A veces hay que abrirse a la idea incómoda de que lo posible es limitado por la imaginación. O tal vez por expectativas de lo correcto, de lo apropiado, de lo que se supone que debe pasar para que todo esté en orden y todo esté protegido.
Todas esas estructuras sirven su propósito, no son arbitrarias, pero también pueden generar dolor o infelicidad. Muchas veces son autoimpuestas.
Y no es que salir de ahí sea fácil. Cuesta dejar de ser lo que uno creía que le correspondía ser. Y nunca es claro qué hay del otro lado.
Me decía Eugene que la gente usualmente dice que la vida es corta, y pues tiene sentido de dónde viene eso, pero la vida también es larga: las decisiones (buenas o malas) resuenan por mucho tiempo. Y conviene tomarlas o replantearlas; asumir control de la vida.