madrugada

Anoche mientras me lavaba los dientes pensaba en el atractivo de las promesas de experiencias transformativas (¿transformadoras?), o sea de esa idea de que hay actividades/prácticas/situaciones que alteran o expanden la conciencia o la comprensión de tal forma que quienquiera que sale del otro lado es sustancialmente mejor en alguna dimensión esencial del ser. Pensaba en eso, en lo llamativa que es esa promesa, y por otro lado en la certeza de saberme inadecuado de infinitas formas pero no ser capaz de imaginar qué mejora (si fuera posible elegir) sería preferible para mí, hacia dónde apuntaría, en qué dirección me convendría más crecer. Solo pensar en eso me agobia. No entiendo bien ni siquiera en qué sentido se crece si es que eso alguna vez de veras pasa. Supongo además que la experiencia transformativa por lo general no permite decidir de antemano cuál será el estado final de la consabida transformación y que sus proponentes sugerirán que justo un componente central de la experiencia es determinar ese propósito, tal vez mediante una fractura (metódica o brutal) de la identidad actual y el subsiguiente estudio de las grietas. (O sea que para el individuo que no ha sufrido la experiencia (casi siempre implica algún grado de sufrimiento) el resultado final es en sí inasequible en tanto que es incluso incomprensible/inimaginable.) Total es que terminé de lavarme los dientes y después recordé que el inodoro estaba tapado así que estuve otro rato bregando sin éxito con varios trucos para desatascarlo de forma perdurable hasta que llegó la medianoche. Es posible que hoy recurra a medidas más drásticas, ya veremos.

mañana

Creo que ya pasó otro mes, al menos uno más. Este año se siente corto, como soñado; un bosquejo del paso del tiempo, para ilustrar la intención, sin verdadera voluntad de concretarlo. (¿Voluntad de quién? Tal vez este es sobre todo un atributo de la subconsciencia: propio en su esencia pero en la práctica ajeno. De ser así tal vez depende más de la disposición para atenderlo y detallarlo. Quizás no lo merece.) He leído más estos últimos días después de la sequía (no sé si con una raíz emocional) de varios meses de la que ya había escrito antes acá. Espero que persista porque me hace bien, me enfoca. Siento que descanso mejor. También me aleja del desconcierto que impera afuera, aunque no lo olvide. No creo que pueda de verdad ignorarlo.

rana

noche

Creo que no entiendo el placer que otras personas asocian a sudar tras hacer ejercicio. No sé si es porque sudo de más o simplemente por remilgos. Con el remo sudo, claro está. Y creo que con la rutina he empezado a sentirme cómodo con eso. Cuando no sudo me siento insatisfecho, con un trabajo a medio hacer. El sudor certifica el esfuerzo, me permite reclamar el logro. Podría decirse que lo aprecio. Durante el último mes, sin embargo, he perdido la disciplina. He pasado semanas largas sin retomar. La excusa es un miedo a lesionarme que me inventé. Creo que necesito volver a la frecuencia diaria, recobrar la inercia otra vez. Que sea algo más que no se piensa ni se decide, solo se hace. A ver si encuentro ese ritmo de nuevo.

mañana

Sigo con dificultades para leer. Me lo tomo suave y procuro sostener al menos el hábito de intentar. Cada noche leo una decena de páginas antes de dormir. También creo que me canso más. El trabajo ha sido intenso este último mes. Me entretiene, pero es exigente. Supongo que es una buena distracción. Hace poco fui re-asignado a un nuevo proyecto. Esos primeros meses de aprendizaje de un tema son mis favoritos. Me gustaría que mi trabajo siempre consistiera en montar fundaciones y marcos de trabajo para abordar lo inexplorado. Mi sensación favorita, a veces me parece, es el asombro asociado a la absoluta incomprensión. Al primer signo de claridad empiezo a perder interés.

noche

Creo que volveremos al parque en agosto, cuando sea más fresco y hayan muerto todas las polillas. Queremos ver el cielo otra vez. Hace bien adentro y se respira. Además hay fuego. Y la madrugada es más pájaros que luz.

Me gusta cómo el parque nos ignora y nos olvida.

madrugada

El parque estaba plagado de polillas. Me explica M. que las polillas vienen al bosque a aparearse antes de morir. Cubren los árboles, la tierra, el aire. Revolotean desesperadas y a ciegas buscando un encuentro final ansioso que, supongo, las justifique. Después desovan, agonizan y se vuelven como arena. No muy distintas de nosotras en últimas. La vida es toda igual en su extrañeza. Casualidades convencidas de que son inevitables exprimiéndole sentidos al azar. A detalle somos inexpugnables.

noche

Hoy pensaba que de pronto, no sé, tal vez sería apropiado decir algo o explicar por qué, una vez más, lo correcto es dar un paso al lado y permitir que el tiempo arrase o al menos arrastre lo que convenga que perdure. Me gustaría saber qué quedará cuando ya no estemos. Cuál es el destino de estas palabras cuando me olvide de mí mismo, de lo que creo que soy, y solo persista en estas notas desde el exterior, donde todavía hace sol y se puede respirar.

Hace poco la hija cumplió años y fuimos al parque a celebrar. Había llovido y hacía un calor pantanoso pero salimos igual. Ser un papá ya me sale sin pensar. Y soy todo lo papá que el símbolo exige aunque eso no sea lo que prefiera. Hay mecanismos básicos, cuya naturaleza ignoro, que parecen destinarnos a converger en un arquetipo torpe, mal peluqueado.

Ya volvió a salir la barba, por lo menos, y mañana nos vamos a acampar. En el bosque hace frío de noche y el silencio dura más.

madrugada

El trayecto de los 2020m a los 1977m toma catorce segundos. Remo en tiempo regresivo, como si me esperara un despegue al final. Ha pasado tiempo desde la última vez. No sé cuánto ni me importa. Creo que el trabajo me distrae y por eso no vengo por acá de a mucho. Hace poco me entró la curiosidad de aprender Rust pero duró poco. Ayer volvió a renacer. No sé bien para qué, eso sí. La verdad es que programo cada vez menos. Hace poco la jerarquía anunció que los viernes hasta septiembre son parte del fin de semana así que este verano será particularmente tranquilo. La próxima semana, por ejemplo, solo trabajo lunes y martes. Después viene el día de Canadá y el jueves me lo tomo de vacaciones.

Mientras remo pienso en el tiempo así en general pero también en la brevedad del que me corresponde. Catorce segundos cubren los años (metros) que he vivido. Otros catorce más de seguro suman más que todos los que viviré. Tal vez sea suficiente.

Hija aprendió a montar en bicicleta en esta pausa. Lo sufrió montones porque no quería ninguna ayuda. Insistía terca aunque también se frustraba. No permitía que le habláramos. Quería que fuera fácil. Al final creo que lo era. No faltaba técnica ni músculo sino convicción. Era cuestión de creer.

madrugada

Esta semana estoy haciendo cuatro mil metros cada noche en la máquina de remo. Toma veintitantos minutos de actividad constante. Me deja muy cansado y algo adolorido, pero sigue siendo placentero. Cumple su función, sea la que sea. Sospecho que es sobre todo espiritual.

Esta semana también sacamos a la basura la silla de comer de la hija y primera silla de bicicleta que tuvimos para ella. Ambas las atesorábamos por pura nostalgia, o tal vez con la intención de donarlas. No hizo falta: antes de que llegara el camión fueron rescatadas por otras personas, menos mal. Ojalá encuentren nuevas niñas o niños que las aprovechen.

La gata ha adoptado la costumbre de asaltar mis piernas durante la noche. No es tan fácil dormir así.

noche

De nuevo acá. No recuerdo dónde iba. Perdí acceso al computador por una semana. Durante ese tiempo tuve algunas ideas pero las dejé ser, pensando que tal vez las recordaría de nuevo si valían la pena. Supongo que no eran buenas, como es usual. Quizás mañana intente otra vez contar algo más concreto, una anécdota simple que encapsule lo que creo que siento sin exponer demasiado, apenas sugiriendo. Por hoy me iré a la cocina a lavar los platos. Después haré mi rutina de ejercicio. De todo lo que soy ahora creo que esos veinte minutos diarios de remo intenso son lo que más sorprendería a quien quiera que fuera hace diez, quince años. De resto todo sería curioso nomás, de pronto digno de risas.